sábado, 6 de abril de 2013

De la pegatina al charco de sangre

La espera se hace eterna cuando los que esperan son pocos, y es que esperar siempre se espera solo, lo que no suele ser muy agradable. Lo hemos pensado bien, conque ahí vamos. El marasmo de aniquiladores del sistema de salón en el que nos vemos envueltos casi a diario tiene algo que nos gusta, pero más nos gusta lo que ocurre extramuros. Que el miedo va a cambiar de bando es un lugar común que llevamos pisando desde que éramos pequeños, pero no esperábamos ver cosas que entonces no habríamos creído.

Lema que una conocida organización terrorista usa para señalar a sus víctimas.

Palos. Brea. Cuerdas. Piedras, plumas y antorchas. Las masas enfurecidas acosan a los políticos en la puerta de sus casas. La palabra es linchamiento. Ya ni se atreven a comparecer ante la prensa, no sea que les tiren un zapato. El señor Rajuela y el maléfico Rubalcadabra se han transformado en pantallas de plasma, y los llamados periodistas cubren ruedas de prensa en las que al invitado lo instalan un par de técnicos. Deben de ser los únicos que no tienen conexión a Internet. Bien por ellos, pero, en contra de lo que pueda parecer, no estamos en un momento de plasma. Ideal, ¿verdad?

"No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente". Arturo Pérez-
Reverte. El capitán Alatriste.

Llevamos varios días enredados en la literatura y en el debate de los escraches (sic.) de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), y nos gustaría hacer un resumen de lo que hemos visto en los medios de comunicación sobre el fenómeno, solo por probar. Esperamos recoger todas las sensibilidades y abarcar todo el espectro de opinión y, a su vez, nos encantaría que sacarais nuestras palabras de este contexto y las colgarais en la web de extrema derecha de vuestra elección. Si es así, están sujetas a licencia Creative Commons y solo tenéis que citar la fuente y así exponernos a la lapidación. Hay que ser amable, sí, tú, lector de La Gaceta de pelo en pecho.

Escrache del viernes 5 de abril en la puerta de Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del llamado
Gobierno de España, vía Asamblea Malasaña. A la izquierda de la imagen, el antiguo secretario de AP
Jorge Verstrynge, el Giorgio Moroder de la política española. 

Boletín Oficial de las Animadoras (BOA). Catálogo de organizaciones terroristas


1. PAH


Hijos de Esteban González-Pons tras el
escrache, vía NSDA-PAH.
Una secta armada con pegatinas acosa a los políticos que votaron, que votamos, en las pasadas elecciones generales (diréis que no habéis votado al PP, pero el PP tiene mayoría absoluta porque hay mucha gente, hasta gente anciana y sabia, e incluso algún muerto, que ha votado al PP, y todo el mundo sabe que en democracia la bota de la mayoría aplasta a la minoría y si piensas de otro modo te vas a Corea del Norte) y los señala, los estigmatiza, hace llorar a sus hijos. Esos desalmados marcan los portales donde viven nuestros diputados, representantes de la voluntad popular, para que el ángel exterminador sacrifique a sus primogénitos el día señalado por la cúpula, por los Superiores Desconocidos del comunismo internacional. Básicamente se van a comer a sus bebés, porque esos nacional-bolcheviques siempre tienen hambre, confunden los medios con los fines, tienen sed de sangre de niño bien, saben que dan miedo y explotan el miedo. Usan las mismas técnicas que aquellos cachorros de Batasuna que marcaban objetivos para que sus hermanos mayores de ETA apretaran el gatillo.

Porque la PAH es ETA. Hay que decirlo alto y claro. Usan los mismos métodos y hacen gala de la misma actitud nazi, de una ideología radical que no les deja ver la realidad de que hay gente que sufre, y no precisamente los morosos que se endeudaron por encima de sus (y de nuestras) posibilidades. Los diputados no son insensibles al dolor ajeno, pero todo tiene un límite. Podemos sentir pena por un drogadicto que implora, roba y mata por su dosis, pero un día, no hace mucho, esa persona eligió, y ahora la sociedad, su familia, la Seguridad Social y cualquiera que se cruce con él soportan una carga absurda por un despojo que jugó a la ruleta rusa y perdió. Si un señor no fue capaz de entender que, si hoy tiene dinero, quizá mañana no, y pidió un crédito que el banco le concedió de buena fe, añadiendo incluso algo para los muebles, un coche y un crucero, ese señor merece un castigo si no es capaz de cumplir con su obligación. Y lo merece porque deja al banco sin capital, lo carga con un piso que no va a vender nunca, con un activo tóxico. Si no, rompemos la baraja.

La fiesta se ha acabado. Ahora, a pagarla.

Él es el creador del banco malo. Él –y no el Gobierno, que solo hace lo que tiene que hacer– es el responsable del rescate de nuestra economía, está acabando con la sanidad, con la educación, nos quita el plato de comida de la mesa. Y encima no actúa solo. Muchos hacen lo mismo y pretenden seguir con sus vidas dejando esa bien amueblada lata de sardinas a su benefactor para que se las apañe y la malvenda y no tenga ni para cubrir los intereses. Porque hay bancos, empresas, familias, que se están arruinando con la morosidad, lo vemos todos los días en los informativos. Y esas familias, esos bancos con sus trabajadores, del cajero al interventor pasando por la ETT que subcontrata la limpieza de la oficina, no pueden fiar más a esos vividores que no hacen más que pedir, no pagar, dejar un bien imposible de vender y vuelta a empezar y otra vez a pedir, esta vez al Estado, como si nada.

Basta ya. Son una lacra, la gangrena que debemos amputar por higiene democrática, para salir de esta, remando en la misma dirección sin dejar de soltar lastre y empujarlos bien al fondo para que se ahoguen, porque el que no trabaja no rema, y el que no rema se hunde. Van a morir y lo saben. Pero quieren morir matando. Se organizan en una suerte de plataforma de caraduras para acabar con la vida privada de nuestros representantes y así privarnos de ellos, de personas que solo trabajan por el bien común, por nosotros, para que no tengamos que seguir apretándonos el cinturón y para que unos cuantos morosos no hundan con su peso de una vez por todas el barco.

El yate de un narco, un sitio ideal para remar en la misma dirección. (Feijóo, paga la coca. Primer aviso.)

Los acosan. Nos acosan. Ejercen la violencia para que cambien la ley a su medida, muy al estilo de Berlusconi. Y, como los terroristas islámicos, siembran el terror si el mundo no se adapta a sus exigencias radicales, a la fatwa de la dación en pago dictada por su lideresa, con el único objetivo de tumbar el sistema, que las familias no tengan crédito, que las empresas se estrellen y así nacionalizarlas (para eso son nacional-socialistas) e instaurar su distopía, que no es más que la vieja dictadura del proletariado, con sus checas y sus campos de reeducación. Ya que ellos, los morosos, los que se han aprovechado de la buena voluntad de unos cuantos directores de cajas de ahorros para viajar, para presumir de poderío, de Audi A6 (no es casualidad que lleven coches alemanes), de pompas y de obras, no pueden mantener su nivel de vida, prefieren que todos vivamos en el peor de los regímenes totalitarios, bajo el yugo de Ada Colau (un claro anagrama de Al Qaeda) y sus secuaces. Para poder derrochar como marqueses, firmaron un contrato que les decía exactamente lo que iba a pasar si no cumplían con su obligación. Sin embargo, ahora prefieren enredar, manchar la marca España en tribunales europeos y embadurnar a los ciudadanos de bien en brea, cubrirlos de plumas de arriba a abajo y someterlos al escarnio, a la vergüenza, para luego matarlos y celebrar el aquelarre de la gauche divine, de Rosa Luxemburgo, de Leire Pajín, de Fidel Castro, de la Pasionaria, de Pol Pot, de Bibiana Aído, de Stalin y –Dios nos pille confesados– del mismísimo Zapatero. Hasta ahí llega su imaginación calenturienta. Todos lo sabemos. Del cheque bebé a la sangre de bebé solo hay una palabra. Y del cheque a la checa, ni media.

En la foto, Ada Colau se come una empanadilla de bebé recién hecha.

Y esa palabra es sangre. La PAH quiere acabar con la poca cordura que aún le queda este país de pandereta, la que nos da el imperio de la Ley. El desahuciado no es un pobre hombre de familia que quiso un hogar que un ERE, el paro, un empresario sin escrúpulos o la vida le negó. El desahuciado es un virus porque el impago es contagioso, una plaga porque su número aumenta cada día, un cáncer que tiene al sistema bancario en fase de metástasis, y un terrorista que hoy señala y mañana no dudará en apretar el gatillo. Hoy es una pegatina, mañana será un charco de sangre. A por él. A por ellos. A por ti.



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